Filosofía de la educación física
Como otros aprendices del maestro Francisco Vargas desde
principios de 1980, hemos intentado comprender y aplicar su filosofía sobre la
motricidad humana en nuestras experiencias profesionales y proyectos
pedagógicos. El contexto de desarrollo e implementación del presente resumen
también está fundamentado en la misma filosofía del maestro en lo relativo a la
Educación Física, la Educación Motriz o la Educación a través del Movimiento;
cuya interpretación, a partir de sus escritos y de las notas tomadas en sus
clases, se exponen a continuación.
Nos desvinculamos de cualquier ideología y partimos de los
valores humanos de autonomía y libertad, y de un principio de auto-exigencia
profesional: enseñar a los alumnos algo que les pueda servir para su vida.
Una filosofía enraizada en la corriente de Escuela Activa o
Escuela Moderna aparecida en los años 30 (Freinet, 1974), habiendo sido Freinet
el que dio impulso y nombre a esta corriente.
Aparece en ella un valor esencial, la primacía del alumno
sobre la materia. Lo que debe procurarse en la Educación Física es laauto
estructuración. El sujeto, por medio de sus propias capacidades y una actividad
construida en su interés, por su iniciativa y libertad, va auto gestionando su
formación personal a través de una práctica vivida, en la que florecen estos
condicionantes.
Su práctica se presenta como una actividad global y en
cierto modo espiritual, en el más amplio sentido del término, que posibilita al
niño ser verdaderamente participante, y no alguien sometido por obligación al
cumplimiento de una tarea escolar más. Es, además, una actividad verbal de
intercambio de información, tanto del profesor al alumno, como del alumno al
profesor, pero principalmente una actividad motriz, concebida como experiencia,
sin restricciones a la propia aportación e interpretación de la deseada
motricidad. Bajo estas premisas la práctica del alumno en la Educación Física
es variada y creativa, potenciando la disponibilidad motriz promovida por su
propio interés, que se pone de manifiesto cuando el alumno puede construir
cualquier actividad y resolverla con su motricidad que de esta forma, se pone a
prueba.
Este valor exploratorio y de superación personal, de
competencia, refuerza evidentemente las motivaciones primarias o intrínsecas,
vinculando en consecuencia, al alumno de una forma continuada a este tipo de
actividad. Este fuerte vínculo hace que la práctica no se abandone a lo largo
de la vida del sujeto, siendo así fuente inagotable de autoconocimiento y auto
aceptación durante el tiempo que se practique actividades motrices de esta
categoría. De esta forma vamos por el camino de laauto estructuración. Sus
motivaciones, sus intereses, y sus necesidades son constantes y estructuran su
personalidad, acompañándole toda la vida sea cual fuere su edad y actividad.
Por lo tanto, aquella categoría de tareas motrices que pone a prueba las
capacidades funcionales de la inteligencia, configurándolas por medio de una
actividad para eso construida, se hace imprescindible si queremos una educación
centrada en el alumno, y conformadora de la personalidad, de forma definitiva.
El movimiento humano es la mayor fuente de autoconocimiento
en nuestra actividad formativa. Conociéndonos a nosotros mismos podemos conocer
a los demás, desarrollarnos con ellos y, así, ser más felices. Hay que
optimizar a la persona en su propio conocimiento, sus necesidades de esfuerzo
particular y su conocimiento de sus posibilidades. La educación integral se
consigue cuando el individuo es capaz de ser consciente en situación de
movimiento de cómo es él mismo y cómo son los demás. En efecto, lo que nos
optimiza y nos hace seres humanos es la capacidad de movimiento inteligente, y
el proceso que compromete al ser humano para lograr algo es educación. Esto es
ofrecerle algo a la persona que le sirva para su vida como ser humano.
La Educación Física está sujeta a muchos estereotipos de
interpretación social y, por ello, hay que remarcar que de las muchas
connotaciones e intencionalidades que puede alcanzar la motricidad humana, será
exclusivamente la educación de la persona la esencia y objeto de nuestra
actuación en un ámbito educativo.
La motricidad es el primer valor de la propia persona, ya
que a partir del movimiento desarrollamos las potencialidades del ser humano.
La principal justificación de la práctica de la Educación Física o Educación
Motriz es que es la única materia que de forma específica ayuda al ser humano a
comprenderse mejor, para auto exigirse sin trampas y sin engaños. El movimiento
es la actividad mejor dotada para ayudar al alumno a desarrollar su personalidad
como ser humano, porque es capaz de implicar a todas las capacidades
intelectuales de la persona. Además, la mayor potencialidad formativa del
movimiento es el feed-back inmediato, característica de extraordinario valor
educativo.
Por consiguiente, podemos plantear la Educación Física o
Educación Motriz como un medio de educación integral de la persona, pues la
actividad humana de movimiento involucra o puede involucrar a la totalidad de
las capacidades del individuo, y no sólo a las llamadas físicas; siempre que
las situaciones educativas creadas por el profesor sean las pertinentes.
Así, la Educación Física o Educación Motriz debe ser
entendida como la educación que se logra a través de las estructuras físicas
que soportan el movimiento humano y que son capaces de configurar la totalidad
de la personalidad del individuo; nunca como la educación de lo físico que
pertenece al hombre, a su cuerpo. Esto está, sin duda, integrado en el anterior
compromiso. No es el cuerpo el que se mueve, es la persona la que se mueve, y
esta opción de movimiento involucra necesariamente a todas las estructuras de
la personalidad de quien se compromete en esa acción. Configurar la
personalidad del individuo significa la participación activa en formas de
actuación-comportamiento que impliquen de forma diferenciada, significativa e
interactiva todas las estructuras mentales, cognitivas, coordinativas,
condicionales, afectivo-sociales, emotivo-volitivas, expresivo-creativas y
bioenergéticas que puedan conformar la multitud de formas de actuación
individual, en situaciones didácticas que permitan una auto-reflexión y un
autoconocimiento, para crear una propia visión de aquella experiencia, para que
el individuo conozca, evalúe y sea consciente de la auto-estructuración de su persona.
Por lo tanto, el aprendizaje de la de la Educación Física no
es de modelos motores sino de estructuras de comportamiento motor que son
descubiertas por el sujeto y mostradas por el profesor cuando propone tareas
sucesivas relacionadas entre sí de manera que aplicando sobre ellas diferentes
capacidades cognitivas, pueda el alumno abstraer de su conjunto una “estructura
soporte” que se expresa a través de un heteromorfismo funcional en cada tarea
propuesta. El alumno debe estar en disposición de poder realizar auto
propuestas para lograr su auto estructuración cuando ya conoce estos
mecanismos; en este punto es cuando realmente comienza su educación.
Las teorías de la Gestalt y el estructuralismo, desarrollado
bajo la perspectiva de la Teoría General de los Sistemas de L. Von Bertalanffy,
ya iniciada en los años 30 discutiendo sobre nuevas teorías del desarrollo y
cuya primera publicación específica se realizó en 1945 (Von Bertalanffy, 1968),
permiten desarrollar los elementos de la interacción, y hacen cambiar el acto
mismo de aprender, transformándolo en un acto dinámico en el que hay que
descubrir, dentro de la complejidad de las interacciones, los elementos
invariantes. Así es como se aprende en la Educación Física, pero también se
realiza la función contraria, es decir, desde una estructura base, elaborar
multi-heteromorfismos de movimiento ejercitando, en suma, la transformación y
la creatividad motriz.
Es una concepción sistémica y holística de la persona para
obtener su auto-estructuración diferenciada, mediante contenidos de alta
variación y prácticas de alta variabilidad. La enseñanza y entrenamiento son un
hecho único de optimización de procesos que se manifiestan como propiedades de
cada estructura de la persona, dado que estas propiedades sólo pueden ser
atendidas desde la interactividad dinámica del conjunto de sistemas y por la
consistencia global de sus interacciones.
De este compromiso nace la posibilidad de autoeducación, a
través de la realización de prácticas motrices en situaciones que permitan una
interacción con el entorno en los términos inteligentes que hemos propuesto.
Para cada nivel de actividad humana existe un nivel de
competencia personal. Surgen muchos problemas porque se evalúa o se controla
desde fuera del individuo. Se tiende a maximizar, a decir, más de una cosa es
siempre mejor, y eso es un error en el ser humano. Cada ser humano tiene unos
niveles de competencia que están debidos a su constitución como humano.
Entendiendo al ser humano en su complejidad, formado por sistemas que le
aportan posibilidades de actuación en infinitas dimensiones de su corporalidad
y de su actuación en cualquier ámbito de su práctica, con sus estructuras
mezclando y utilizando elementos de sus sistemas en dimensiones que son
desconocidas por nosotros y que sólo el propio individuo conoce. Por eso, no
creemos en la valoración, sino en la autoevaluación (Anexo 1).
El objetivo de la Educación Física es educar y el del
deporte ganar. Son objetivos diferentes y el proceso de formación ha de ser
diferente.
No es practicar un deporte sino el proceso que ha de seguir
un individuo para conseguir ser un buen deportista, y este proceso puede ser
educativo o no. Puede ser incluso autodestructivo. Para asegurarnos que eso no
suceda hemos de realizar práctica de Educación Física, porque el atractivo que
tiene el deporte en nuestra sociedad puede desviar los intereses educativos de
la práctica de actividad física.
La educación física y deportiva del ser humano no puede
estar fundamentada en las ideologías del deporte actual como los valores
higiénicos y de salud, el hombre que supera a la naturaleza, y otras
connotaciones más modernas, que son una amalgama de ideales propios de la
sociedad consumista y tecnológicamente industrializada. Debe basarse en la
ciencia para configurar un tipo de práctica que comprometa íntegramente a la
personalidad del individuo, que es un objetivo intemporal y prioritario.
Consideramos a la práctica deportiva, así constituida, como
insustituible en la educación de la personalidad y este tipo de prácticas
incluidas en otras con la misma filosofía de la acción motriz, constituyen la
denominada Educación Física y Deportiva, que debe ser entendida como la
educación que se logra a través de las estructuras físicas que soportan el
movimiento humano que son capaces de configurar la totalidad de la personalidad
del alumno.
Lo educativo de las prácticas deportivas no es el
aprendizaje de sus técnicas o tácticas, ni siquiera los beneficios físicos y
psíquicos de una buena preparación física que sustenta su rendimiento, sino que
lo realmente y único educativo son las condiciones en que puedan realizarse
esas prácticas que permitan al deportista comprometer y movilizar sus
capacidades de tal manera que esa experiencia organice y configure su propio yo,
logre su auto-estructuración.
Debemos no adjudicar ciertos valores educativos a tal
deporte, y tales otros a aquel otro; este o aquel deporte serán más o menos
educativo, no por su riqueza en gestos técnicos, no por su profusión táctica,
sino, por cómo ese entrenador articula las condiciones en las que el deportista
aprende esa especialidad, y en qué situaciones desarrolla su competición.
Esta filosofía, basada en los valores humanos de autonomía y
libertad, permite impartir Educación Física o Educación Motriz a cualquier
grupo de individuos con independencia de su situación socio-cultural. La
educación integral de la persona, consiguiendo la configuración de su
personalidad, es posible a través de las experiencias motrices educativas que
pueden involucrar la totalidad de capacidades del individuo.
Cabría una crítica de estas propuestas diciendo que
cualquier otra materia podría hacer lo mismo y que sólo la formación en la
correcta motricidad y en lo orgánico es nuestra competencia. Ésta sería
aceptable si esa supuesta materia pudiera aportar al alumno situaciones que al
ponerlas en práctica, pusieran a prueba sus capacidades de evaluación
inmediata, la valoración de riesgos y compromisos, la necesidad de jerarquizar
situaciones bajo categorizaciones muy diferenciadas y poder casi
instantáneamente conocer otras opciones sobre las mismas categorías, de
elaborar sus propios programas de actuación bajo presión espacial o temporal, y
otras muchas alternativas que sólo la práctica motriz aporta y que ninguna otra
materia por si sola ostenta. Por lo tanto, la formación orgánica se presenta
como una opción, más no la prioritaria ni la única. La optimización de la
organización funcional (Ley de las variaciones estructurales de Piaget)
ocasionada por la práctica de situaciones motrices, no es equiparable a la que
otra materia podría aportar, por lo que un medio de esta potencialidad no puede
ser infrautilizado solo, como simple estímulo orgánico corporal, más aún cuando
este objeto orgánico se logra de forma evidente con el nivel de práctica
requerido durante la actividad.
Las experiencias de movimiento estructuradas bajo estas
condiciones de práctica son las únicas que permiten implicar de forma
interactiva todas las estructuras de la persona inteligente, hecho que les confiere
un valor educativo totalmente diferencial, único e imprescindible para
conseguir ciudadanos bien educados, autónomos y libres. Por lo tanto, disfrutar
de más sesiones de Educación Física en la escuela es una necesidad pedagógica
básica para conseguir una educación pública de calidad.
Desde los 3-4 hasta los 16-17 años es donde se establece y
configura de la forma más importante la personalidad del individuo. Por ello,
en esta etapa debe ser conferido un alto nivel de actuación y protagonismo al
profesor de Educación Física o Educación Motriz, junto al profesor de
iniciación deportiva.
A día de hoy, ni las personas de la sociedad ni las que
representan las instituciones valoran suficientemente la labor del profesional
de la Motricidad Humana. Es nuestra responsabilidad cambiar esta situación y
hacer aumentar hasta el lugar que le corresponde el prestigio y relevancia real
de la educación a través del movimiento.
Los profesionales de la Motricidad Humana, del Movimiento
Humano, tenemos la obligación de insistir en el gran valor educativo y
formativo que tiene la Educación Física para todas las personas.
"Porque creo que ejercer de educador y pedagogo es
obligación de todos los profesionales que envuelven la actividad física.
Personas que formen personas, que conduzcan al sujeto, ayudándole a generar una
energía que le permita satisfacer sus necesidades y no las necesidades del
entrenador. Por eso siempre he estado ejerciendo la docencia, para no perder la
realidad de mi orientación que es mejorar el individuo que entreno, no buscar
el éxito a cualquier precio" (Seirul-lo Vargas, 2011).
No hay comentarios.:
Publicar un comentario